miércoles, 22 de abril de 2015

Danza de los tecuanes y revolución zapatista

Danza  de los tecuanes y revolución zapatista

Por Óscar Cortés Palma

Como podemos observar  en los mapas presentados, la distribución de la danza del Tecuan y otras semejantes corresponden a la misma distribución territorial del movimiento zapatista durante la Revolución Mexicana. Los únicos lugares de esta región en donde no he registrado estas danzas es porque son serranías o rancherías muy pequeñas de las cuales desconozco sus danzas.



En los poblados en donde se baila la danza del Tecuan, que ya he mencionado anteriormente y que corresponde a la franja territorial que se encuentra en los límites entre los estados de Morelos, Guerrero, Puebla y México, se tiene conocimiento que desde el año de 1888, la danza del Tecuan se bailaba en el poblado de Acatlán de Osorio, Puebla; traída por “maestros tecuaneros” de algún poblado de filiación nahua. También se tiene conocimiento que en el poblado de Tetelpa, municipio de Zacatepec, Morelos, Ramón Sorela organizaba la danza de los tecuanes en el año de 1895, y es probable que la organizara desde muchos años antes, hasta ahora son las fechas más antiguas que tengo sobre la existencia de esta danza.

De igual manera existen manuscritos que mencionan la existencia de la danza de los tecuanes en el año de 1910 en el poblado de Coatetelco, Morelos; y por fuentes orales sabemos que antes de la revolución mexicana ya se bailaba en Axochiapan, Morelos.

Por lo anterior considero que esta danza tradicional fue contemporánea a los campesinos revolucionarios de la década de 1910. La irrupción zapatista de esa década ha sido muy estudiada, abundan cientos de libros que hablan sobre los hechos de armas, la situación política y económica durante aquellos años, pero no se han analizado la cultura y las tradiciones de la región en donde surgió esta rebeldía campesina.

Consideró que las tradiciones eran y continúan siendo imprescindibles para la vida cotidiana de estas comunidades; por ejemplo, los pobladores de esta región invierten muchos recursos económicos y humanos en las ferias de su santos patronos: las mayordomías, las hermandades, las danzas tradicionales, los cohetones, la música, las grandes comidas comunitarias, los adornos, son pruebas contundentes de que las tradiciones deben ser estudiadas para entender porque surgió con tanta fuerza la rebelión campesina en esta región y no en otras.

Lamentablemente existe muy poca bibliografía sobre las danzas  tradicionales de aquellos años, ya que el objetivo del gobierno era hacer que los pobladores nativos abandonaran sus tradiciones ancestrales y adoptaran la cultural nacional.

Pero al estudiar las danzas tradicionales actuales nos damos cuenta de que las tradiciones son de larga o mediana duración histórica. Por lo tanto, es probable que en los poblados en donde actualmente se baila la danza del Tecuan, se haya venido bailando desde hace muchas décadas, porque esta danza describe en general un aspecto de la vida hacendaria o latifundista y en la actualidad ya lleva casi cien años que no hay haciendas.

Es más que obvio que existe una relación entre la danza de los tecuanes y sus otras variantes dancísticas que tratan sobre la cacería del jaguar con el territorio de donde se nutrió la rebelión zapatista de la década de 1910, con esto lo que trato de demostrar es que esta danza tradicional y otras formas de organización comunitaria, son una respuesta de estas sociedades para mantener su autonomía e independencia, es decir estas danzas tradicionales están relacionadas con la rebeldía campesina de esta región.

Por ejemplo, los pobladores de este territorio participaron activamente en la lucha de independencia, por esta región andaban José María Morelos, Vicente Guerrero, los hermanos Galeana, los Hermanos Bravo. Años después se levantaron los pobladores de Chilapa, Tlapa y Ayutla contra las haciendas del año de 1841 a 1846. Después los surianos se sumaron a la Revoluciòn de Ayutla de 1854 a 1855. Estas rebeliones nos demuestran la necesidad de estos pueblos “surianos” de mantener su autonomía, su identidad, su esencia y su personalidad, por eso continúan con sus tradiciones comunitarias, y tienen su propio camino hacia el desarrollo y sobre todo tienen creatividad, pero muchos “occidentalistas” los atacan para que se pàrezcan a “ellos”.Cuando en realidad ellos, los “occidentalistas” se quieren parecer a los demás países, a lo extranjero, pero yo creo que los “tecuanes” como las demás danzas y creatividad tradicionales son parte escencial del país y si no nos valoramos como país ningún otro país extranjero nos va a valorar.

Considero que para comprender la rebelión zapatista es necesario analizar las tradiciones y las redes culturales que existen y existieron en la región en donde estuvo presente, porque solamente así explicaremos porque el movimiento armado campesino se mantuvo durante muchos años en esta región y no en otras.

Si sobreponemos el mapa de la danza tradicional del Tecuan y de las otras variantes dancísticas de la cacería de un jaguar, con el mapa de la rebelión campesina de la década de 1910, nos daremos cuenta de que coinciden los lugares en donde actualmente se bailan estas danzas con la región en donde hubo levantamientos rebeldes antes, durante y después de la revolución mexicana.

 © Texto: Óscar Cortés Palma.. Email axochiapancultural@hotmail.com; cami17_4@hotmail.com;   Facebook: https://www.facebook.com/OSCARCORTESPALMA




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El libro tiene un total de 236 páginas, contiene fotos, mapas, historias de vida de maestros tecuaneros, análisis,   cuentos, leyendas, diálogos de las danzas de tecuanes en idioma nahuatl mezclado con español, en idioma español, contiene cinco diálogos diferentes de los tecuanes de Chilapa, Acatlán de Osorio, Tetelpa, Tetecala. 

El libro también contiene tres crónicas de los tecuanes de Zitlala, y Tlalixtaquilla, Guerrero, que me proporcionaron los habitantes de allá. Y trae los nombres y las fechas en las cuales danzan los tecuanes actualmente en  96 poblados mexicanos del centro-sur de México. 

La portada y la contraportada del libro fueron dibujadas por un pintor reconocido del poblado de Xoxocotla, Morelos. 

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